viernes, 30 de octubre de 2009

Descomposición


Frente al televisor
yo también soy un parásito,
como la luna insolada
tengo en proporciones iguales
algo de vivo, algo de muerto.
Aprovecho para enumerar las cosas
que iba a hacer hoy
y tampoco voy a hacer mañana
que es un buen ejercicio
para quedarse dormido.
Afuera el aire corre caliente
y lo que queda del día
se comprime en el camión de la basura.

sábado, 17 de octubre de 2009

Rueda


Así en el piso
rodó la luna
No se deshizo
rodó la luna
No se deshizo
rodó la luna
No se deshizo
rodó la luna.

viernes, 16 de octubre de 2009

Bici


me gusta llevarte
en el manubrio de la bici
con el viento en la cara
con el tiempo en la cara

Abrazarte


Abrazarte
tirados en la cama
era saber
que por más que subiera el agua
siempre íbamos a hacer pie.

lunes, 5 de octubre de 2009

Del viso


Desparramar las cenizas de mamá
llevó su tiempo.
Horacio hizo un asado en el horno de barro
y papá había llevado una picada generosa.

Comimos afuera,
en el fondo de la quinta, detrás de la casa,
contra el arroyo.
En esa parte el suelo hace
una pendiente suave, por eso
la mesa está clavada al piso.

Después de comer
levantamos entre todos; los huesos
se los dieron a los perros. El sol se puso naranja
y empezó a refrescar.

Papá dijo algo y se fue hasta el auto.
Del baúl sacó una bolsa blanca
de una casa de ropa para mujer.
“Bueno”, dijo.

Hasta ese día
yo no había visto a nadie reducido a cenizas.
Pensaba que iba a ser más chocante, pero no.
Una bolsa de nylon llena de ceniza. Nada más.

Alicia metió la mano
y sacó un buen puñado. Caminó hacia el arroyo
y lo esparció en la orilla
como quien tira semillas en la tierra removida.

Un ladrido de la quinta
de al lado despertó a los perros.
Se le fueron al humo a la ligustrina;
la Mulata al frente, los salchichas atrás.

Lucía lloraba. Acá festejamos sus quince
hace diez años. Papá no estuvo. Mamá
llevó a un novio que le duró poco.
Yo tenía el pelo largo, como se usaba en esa época.
Hay un video.

Alcancé a Alicia junto al gomero grande.
Le pedí la bolsa y
al hundir la mano en el polvo grisáceo
lo sentí frío. Alicia nos contó
una cosa sobre mamá:

Un día en la quinta
estaban hablando de la muerte; mamá
le dijo a Alicia que su deseo era ser enterrada
junto al gomero, de pie y con la cabeza afuera.

Así que ahí fue a parar lo que quedaba en la bolsa.
A la sombra,
junto al gomero,
entre matas de pasto verde,
bajo hojas y manos abiertas.