Aquellos que no conozcan la revista quedan cordialmente conminados a bucear por sus páginas on line, cliqueando en el siguiente link: www.oblogo.com
lunes, 24 de agosto de 2009
Lee Oblogo
jueves, 20 de agosto de 2009
Historia Clínica 3. Qué te picó.
Las ronchas me habían empezado a salir a la noche, mientras leía una edición ilustrada de las hazañas de Hércules en la cama de Martín.
Ahora estoy sentado en la camilla del dermatólogo. Tengo los brazos cubiertos de ronchas del tamaño de una hamburguesa y mis muslos parecen las dos mitades de un mapamundi con división política; oriente está visiblemente más inflamado que occidente.
Es el segundo dermatólogo que me ve. El primero no le terminaba de encontrar la vuelta al asunto y yo ya estaba harto, así que mamá me acompañó a ver a éste al centro Villela.
El tipo me pide que me saque la remera. Después me hace estirar un brazo para ver las ronchas de cerca. Yo obedezco, pero tengo una sensación rara, como de ultraje.
En ese momento la miro a mamá y me pongo a llorar (era de llorar mucho yo). Mamá se acerca hasta la camilla y me dice que no me preocupe. “Ya sé”, me dice. Yo la miró como me mira y me pongo a llorar más fuerte. “Ya sé, ya sé”, repite mamá.
Pero lo que ella no sabe es que en ese preciso instante -mientras el doctor me pedía que “ya que estamos” me sacara también “los lompas”-, en el más escondido rincón de mi mente se empezó a formar una idea que termino siendo algo así como el eslogan de todas mis enfermedades:
Ojalá fuese algo grave
Suena absurdo, pero les aseguro que para un pibe de doce años que dos por tres amanece cubierto de escamas tiene su lógica.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
